Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
Juan 17:24
La oración intercesora
En Juan 17 el Hijo de Dios habla como hombre en esta tierra con su Padre. Nosotros, seres humanos, podemos escuchar esta conversación entre estas dos personas divinas. ¡Qué privilegio y qué gracia! Aunque todavía faltaban unas horas para su muerte en la cruz, Jesús ya hablaba como si hubiese cumplido la obra de salvación. Él sabía que iba a llevarla a cabo. Entonces pidió a Dios: "Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (v. 5). Durante su vida en la tierra, el Hijo de Dios había velado su gloria eterna, porque los hombres no podían soportarla. Después de su obra, volvió al cielo y allí se vio nuevamente su eterna gloria, la que tenía desde siempre como Hijo en la casa de su Padre.
En el cielo, allí en donde él había estado como Hijo eterno desde siempre, entró con una gloria más, la de un hombre glorificado.
El versículo del encabezamiento nos revela que su deseo y voluntad es que los suyos, que aún están en la tierra o que ya durmieron, estén con él en la casa del Padre. Para ello, conforme a su promesa él va a volver, quizás hoy, a buscar a los que hemos aceptado su sacrificio en la cruz por nuestros pecados. Entonces le veremos como Hombre glorificado, y nos será otorgado contemplar y admirar su eterna gloria, gloria que tan sólo le pertenece a Él, la cual tuvo que esconder por un tiempo para venir a salvarnos.
La Buena Semilla
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16
Domingo 26 de Septiembre de 2010
Él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Marcos 10:22
El eunuco… siguió gozoso su camino.
Hechos 8:39
¿Triste o gozoso?
Los versículos de hoy son la conclusión de dos encuentros relatados en la Biblia.
En el primero un joven acudió a Jesús y le preguntó qué debía hacer para tener la vida eterna. La respuesta es clara: si uno verdaderamente quiere hacer lo necesario para adquirirla, debe cumplir toda la ley mosaica, no sólo el 99% de los mandamientos de Dios. "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Santiago 2:10). Pero esto es imposible para el hombre, hace siglos que Dios lo constató. Por eso Jesús le dijo: "Vende todo lo que tienes… y ven, sígueme, tomando tu cruz" (Marcos 10:21). El joven no pudo decidirse a hacer esto. Para él sus riquezas tenían más valor que la vida eterna que pensaba adquirir. Y se fue triste…
En el segundo se trata de un importante dignatario del reino de Etiopía que volvía de Jerusalén, adonde había ido a adorar. Dios, quien conocía su corazón, le envió al evangelista Felipe para instruirlo. Éste le anunció a Jesús, aquel a quien el profeta Isaías describe como el que llevó nuestros pecados (Isaías 53:5). El etíope comprendió el mensaje de gracia, entendió que lo único que hay que hacer es aceptar el perdón divino, y pidió ser bautizado, como testimonio de su fe. El resultado fue inmediato: "siguió gozoso su camino".
El lector también puede tener esta experiencia. Crea en Jesucristo; él quitará la tristeza de su corazón y lo llenará de felicidad.
Marcos 10:22
El eunuco… siguió gozoso su camino.
Hechos 8:39
¿Triste o gozoso?
Los versículos de hoy son la conclusión de dos encuentros relatados en la Biblia.
En el primero un joven acudió a Jesús y le preguntó qué debía hacer para tener la vida eterna. La respuesta es clara: si uno verdaderamente quiere hacer lo necesario para adquirirla, debe cumplir toda la ley mosaica, no sólo el 99% de los mandamientos de Dios. "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Santiago 2:10). Pero esto es imposible para el hombre, hace siglos que Dios lo constató. Por eso Jesús le dijo: "Vende todo lo que tienes… y ven, sígueme, tomando tu cruz" (Marcos 10:21). El joven no pudo decidirse a hacer esto. Para él sus riquezas tenían más valor que la vida eterna que pensaba adquirir. Y se fue triste…
En el segundo se trata de un importante dignatario del reino de Etiopía que volvía de Jerusalén, adonde había ido a adorar. Dios, quien conocía su corazón, le envió al evangelista Felipe para instruirlo. Éste le anunció a Jesús, aquel a quien el profeta Isaías describe como el que llevó nuestros pecados (Isaías 53:5). El etíope comprendió el mensaje de gracia, entendió que lo único que hay que hacer es aceptar el perdón divino, y pidió ser bautizado, como testimonio de su fe. El resultado fue inmediato: "siguió gozoso su camino".
El lector también puede tener esta experiencia. Crea en Jesucristo; él quitará la tristeza de su corazón y lo llenará de felicidad.
Sabado 25 de Septiembre de 2010
Aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda.
Salmo 139:4
Antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
Isaías 65:24
Una línea siempre libre
Trato de comunicarme con mi amigo por teléfono, pero un mensaje registrado me responde: «Su corresponsal está en línea; le avisaremos de su llamada». Esto significa que una vez más la línea está ocupada, ¡y me siento frustrado porque tengo un mensaje urgente para él!
Entre el cielo y la tierra la línea directa nunca está saturada. Más directa y rápida que cualquier conexión entre los humanos, nos pone en relación con nuestro Dios.
Cristiano, ¿sabe usted que Dios lo ve y lo oye de manera permanente? "Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones" (1 Pedro 3:12).
A veces Dios responde inmediatamente a los que se dirigen a él; así sucedió en el caso de Eliezer, a quien Abraham encargó una misión de confianza: hallar una esposa para su hijo Isaac. Antes de que acabara su oración, apareció Rebeca (Génesis 24).
El rey Ezequías, al enterarse de que iba a morir, suplicó a Dios que le otorgara una prórroga, e inmediatamente Dios le contestó: "Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano" (2 Reyes 20:5).
Pero a veces no responde enseguida. ¿Significa esto que él no oyó? ¡No!, pero la espera es portadora de un bien más grande, de una formación específica en la escuela de Dios. ¡No se desanime! Confíe en él, ya verá como él obrará.
Salmo 139:4
Antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
Isaías 65:24
Una línea siempre libre
Trato de comunicarme con mi amigo por teléfono, pero un mensaje registrado me responde: «Su corresponsal está en línea; le avisaremos de su llamada». Esto significa que una vez más la línea está ocupada, ¡y me siento frustrado porque tengo un mensaje urgente para él!
Entre el cielo y la tierra la línea directa nunca está saturada. Más directa y rápida que cualquier conexión entre los humanos, nos pone en relación con nuestro Dios.
Cristiano, ¿sabe usted que Dios lo ve y lo oye de manera permanente? "Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones" (1 Pedro 3:12).
A veces Dios responde inmediatamente a los que se dirigen a él; así sucedió en el caso de Eliezer, a quien Abraham encargó una misión de confianza: hallar una esposa para su hijo Isaac. Antes de que acabara su oración, apareció Rebeca (Génesis 24).
El rey Ezequías, al enterarse de que iba a morir, suplicó a Dios que le otorgara una prórroga, e inmediatamente Dios le contestó: "Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano" (2 Reyes 20:5).
Pero a veces no responde enseguida. ¿Significa esto que él no oyó? ¡No!, pero la espera es portadora de un bien más grande, de una formación específica en la escuela de Dios. ¡No se desanime! Confíe en él, ya verá como él obrará.
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